PRUEBE A JESÚS

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Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se sumergió en una crisis sin precedentes. Las grandes potencias envueltas en deudas, crisis internas y externas, convulsiones políticas y militares, amedrentaron a todos. Nubes negras se cernían sobre las naciones que hacía poco habían sido regadas de sangre. Todavía más, un nuevo enfrentamiento entre Oriente y Occidente parecía inminente.

Estadísticas y políticos, filósofos y escritores, gobernantes y líderes de los grandes grupos religiosos, todos sentían que la tan soñada paz mundial pendía de un hilo. Fue así que la Revista Time de los EE.UU, tuvo la idea de lanzar un concurso ofreciendo cien mil dólares para quién descubriera la difícil respuesta para la pregunta. ¿Cuál es la solución para la crisis mundial?

A penas una idea sería suficiente. Fueron enviadas a la redacción de Time 20 000 soluciones, apenas una fue escogida y sorprendió a todos: “Pruebe a Jesús”.

Si, apreciado amigo, para la crisis que se cierne sobre el mundo hoy, la Revista Time podría hacer nuevamente un concurso y la respuesta podría ser la misma: “Pruebe a Jesús”. Para todos los problemas humanos Él es todavía la solución. Pruebe a Jesús, póngalo en su vida y quedara sorprendido con los resultados.

Sanación de cáncer en el ojo

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Un ciego de Jericó recibe la vista

Aconteció que al acercarse Jesús, un ciego estaba sentado junto al camino, mendigando; y al oír pasar  a una multitud, preguntó que era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

Y los que iban delante le increpaban para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que recobre la vista.

Jesús le dijo: Recóbrala, tu fe te ha salvado.

Y al instante recobró la vista, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.

Lucas 18:35-43


Santa Biblia, Reina Valera. Nueva Traducción Internacional.

Jesús habla a las mujeres

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Estando él en  Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.     Marcos 14:3


 

Esta ha hecho lo que podía (Juan 12:1-8)

Poco tiempo después de la muerte y resurrección de Lázaro, Marta y María estarían nuevamente tristes debido a la muerte de Jesús. Pero algunos días antes de su crucifixión, todavía pudieron compartir con él una cena. Parece que solo María comprendió que el Señor iba a morir. ¿Qué podía hacer? Estaba sola ante el poder de los que habían decidido su muerte… Sola en medio de los discípulos, quienes no la comprendían… ¿Cómo podría expresar su simpatía a Jesús y su adoración?

Dios puso en su corazón el deseo de hacer algo por Jesús. Superó los obstñaculos, sus temores y la reprobación de los demás. Hizo lo que estaba dentro de sus posibilidades al ofrecerle un perfume de gran precio. Jesús dijo: “Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:8).

El gesto de María no fue comprendido, ni siquiera por los discípulos, quienes la criticaron por tener esa iniciativa. Por dolorosas que fuesen sus palabras, María no se defendió, pero el Señor, en quien ella creía, la aprobó delante de todos.

Este gesto fue un acto de adoración y de fe. Jesús estaba en el centro, “y la casa se llenó del olor del perfume” (Juan 12:3).

Sucede lo mismo hoy en día. Cuando expresamos nuestra adoración a Jesús, él es el centro, y todos los creyentes presentes pueden asociarse a ella.

 


Editorial La Buena Semilla, 1166 Perroy (Suiza)

Era un esclavo encadenado por Santanás (2)

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Dios… saca a los cautivos a prosperidad. Salmo 68:6

(Dios) nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Colosenses 1:13-14

 

Era un esclavo encadenado y no pertenecía a Dios sino a Satanás, quien solo tenía un objetivo: conducirme a la muerte. También comprendí que solo Jesús tenía el poder para hacerme cambiar de vida. Jesús había venido para liberar a los hombres de sus cadenas y del poder de Satanás. Comprendí que Jesús había muerto para llevar sobre sí mismo todas las suciedades de mi vida. Me invitaba a dejarlo entrar en mi corazón.

A partir de ese momento todo lo que formaba parte de mi vida pasada dejó de existir. Mis centros de interés fueron transformados. Solo tenía un deseo: leer la Biblia. Poco después de mi conversión escribí una carta a mi padre y le pedí perdón por todos los problemas que le había causado.

Eso fue treinta años. Durante todo este tiempo Dios veló sobre mí, me esneñó a conocerle mejor, a amarle y a servirle”

La paz de Dios gobierne en vuestros corazones… y sed agradecidos” (Colosenses 3:15).

Era un esclavo encadenado por Satanás (1)

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Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis.    Romanos 6:16

Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:36

Testimonio

“En mi niñes no fui feliz, pues todo el ambiente familiar estaba ensombrecido por el alcoholismo de mi padre. Aspiraba a encontrar amor y consuelo. Cuando tenía alrededor de 18 años me uní a un grupo de jóvenes marginales. Vivíamos en una época llena de idealismo y pensábamos que era posible tener una vida diferente, pero la decepción estuvo a la altura de la esperanza. Me sentía profundamente infeliz, mi única aspiración era la esperanza egoísta de que los demás pudiesen responder a mis deseos.

Un día recibí una carta de mi hermano mayor en la que me decía que había descubierto a Jesús y que su vida había cambiado totalmente. También me envió una Biblia y me invitó a leerla. Me alegraba por él, pero duarante un año, a pesar de algunos intentos por leer la Biblia, no sucedió nada. Me estaba sumiendo en una desesperación cada vez más profunda. Un día quise saber qué contenía ese libro. Me retiré de mi entorno durante tres semanas para leer la Biblia. Cada noche, antes de abrirla, oraba a Dios diciendo: “Si lo que mi hermano dice es cierto, no hay ningún motivo para que no sea cierto para mí también.” Aconsejado por mi hermano, leí el Nuevo Testamento, pero no comprendí gran cosa.

Sin embargo, una noche mientras leía quedé como fulminado interiormente. El texto hablaba del diablo, fue como una revelación. Yo creía que era libre, pero Dios me mostró que no lo era.”

Continuará…